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Anular el voto es premiar a los mismos de siempre

Varios actores políticos, especialmente aquellos que no pudieron inscribirse en este proceso electoral, están inundando las redes sociales con mensajes que exhortan a los ecuatorianos para que, este 7 de febrero, anulen su voto. 

Anular el voto, sin lugar a duda, es un derecho y una opción para quienes no se sientan representados por el sistema democrático o por los candidatos que se encuentran en la papeleta.  Varios políticos llenan las redes con mensajes para que los ecuatorianos anulen su voto.  De acuerdo con Art. 147 del Código de la Democracia, si los votos nulos superan a los votos de la totalidad de candidatos, se declarará la nulidad de las elecciones. Borrón y cuenta nueva: el Consejo Nacional Electoral (CNE) tendría que convocar a elecciones nuevamente.  En las últimas tres elecciones presidenciales, el voto nulo representó alrededor del 7% de la votación total, por lo que es virtualmente imposible que, para esta elección, alcance la representatividad que algunos esperan.  No obstante, de ocurrir este ‘milagro’, el gobierno de Lenin Moreno continuaría en funciones unos seis meses más y tendría que destinar alrededor de USD 100 millones para financiar un nuevo proceso electoral. Un gasto muy inoportuno, si consideramos que el programa completo de vacunación contra el Covid-19 le costará al Ecuador más de USD 200 millones. 

Por otra parte, dada la inmediatez de la convocatoria, lo más probable es que en esta nueva elección participen las mismas organizaciones políticas y candidatos. Es decir, en seis meses podríamos enfrentar el mismo dilema.   Desde otra perspectiva, mientras más votos nulos existan el espectro de votos válidos se reduce; beneficiándose así los partidos más fuertes por el consecuente ‘efecto de arrastre’ que tiene la figura presidencial en el voto para asambleístas. 

En otras palabras, si usted anula su voto se incrementa el valor del voto de otro ciudadano; por lo que se termina por premiar en vez de castigar a los partidos tradicionales que tienen el llamado ‘voto duro’. Premia, en vez de castigar, a los partidos tradicionales que tienen el llamado ‘voto duro’. Incluso, se facilita que el candidato que lidera la elección alcance el 40% de los votos válidos y, si además de ello logra una distancia del 10% con el que le sigue, ganaría en la primera vuelta.  También corresponde analizar cuáles son las verdaderas intenciones de los que promueven la anulación de las elecciones. ¿Es legítima su cruzada antisistema? O, simplemente, hay un interés particular que mueve este sabotaje.  No existe en el mundo el candidato perfecto.

Le invito a revisar una vez más los perfiles de los presidenciables, sus ideas y propuestas. Si a pesar de ello usted se ratifica en su decisión, así como el voto es un derecho, anularlo también lo es. 

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

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